¡La Pereza cumple un año!
¡La Pereza cumple un año!

El día treinta, en abril y ya hace un año, una mañana estaba yo en Facebook y en Matanzas, sentado junto a una ventana desde la cual se veía el mar, que no era el de Varadero pero casi. Y allí recibí la noticia que me puso a temblar como solo había temblado antes dos veces en mi vida.
 
La primera fue la tarde cuando el doctor, con su bata verde y aquellas ojeras de un morado muy subido, salió de la consulta al pasillo oscuro donde yo aguardaba y me soltó aquel "¡felicidades papá!" que me dejó pasmado. Así me confirmó que ya mi Bastian era poco más que un pececito minúsculo nadando en algún lugar del cálido vientre de su mamá.
 
La siguiente, la segunda, el otro temblor, fue más estremecido porque yo era un poco más viejo. Ocurrió de madrugada, como a las cinco, en un baño accesorio junto a nuestro pequeño cuarto de aquella casa del Vedado. Allí, y en solitario, fui testigo cuando ya no se esperaba,del surgir entre las dos rayitas azules de una tercera raya roja, roja muy muy roja.
 
Yo estaba solo frente al lavamanos porque, ante la tardanza del test de embarazo, la implicada decidió volver a la cama segura de que todo no era sino una, otra, falsa alarma y no quería dejar escapar el sueño que pesaba como un elefante dormitando a la sombra de sus pestañas. Pero aquella delgada línea roja confirmaba que ya la Paty hacía de las propias con apenas quince días y ni uno más de concebida, por más que su mamá no quisiera creerlo e intentara retornar a la comodidad de sus almohadas. No sabía, la pobre, que no volvería a dormir a pierna suelta sino hasta un día muy lejano que no llega todavía.
 
Así, con el dejavu de aquellos temblores posicionados entre mi pecho y mi espalda, leí ese corto renglón en el chat, con el cual la Greity me anunciaba, absolutamente inconsciente de lo que decía y de lo que su decir desataba, que recién regresaba de hacer el registro oficial de La Pereza Ediciones, CORP.
 
¡Ah, solo quien ha pasado en tres ocasiones distintas por un salón de parto –estuve en los partos de mis hijos, pero, obviamente, también estuve en mi propio parto– sabe en verdad el vendaval que supone cualquier nacimiento!
 
Ese fue el tercer temblor, el tremendo estremecimiento que me recorrió al saber que ya no habría marcha atrás, y que en el caso de La Pereza habíamos cruzado el lindero que separa las puras palabras de los hechos concretos.
 
Hoy, un año y muchos libros después, y varios concursos, y uno que otro lector leyéndonos, podemos darnos–¡por dios!– el lujazo de la memoria, de celebrarnos, del abrazo que ahora mismo no podemos porque cada uno –Greity y yo– está en la orilla que quiere, pero que de alguna manera nos damos con cada idea nuestra que llega a buen puerto.
 
La Pereza cumple un año. Y ha sido un año en que solo cuenta lo bueno, el mucho milagro, lo esplendoroso de haber podido dar todo estos pasitos y todos estos pasos. Sin olvidar a los autores, uno a uno, que han apostado por nosotros, ni a los colaboradores que aquí o allá nos han tendido lo más importante, su alma,pero también sus manos.
 
Celebramos este cumpleaños a lo grande, que faltará todo lo demás pero no falta el gran regalo, y es la venturosa edición de esa maravilla ilustrada y diseñada por Abel Hernández Perdomo: su versión gráfica del clásico Nené Traviesa, escrita por el gigante de América que es José Martí.
 
Con Nene Traviesa, con Abel, y con nuestro Martí, quiere y se le antoja a La Pereza dar un nuevo y más atrevido paso: inaugurar nuestra colección de clásicos revisitados, para gozo y placer propio y de los lectores que se animen a andar lo que ya hemos andado.
 
Cumple un año La Pereza, que no es poco, como tampoco lo es todo lo que nos traemos entre manos. Hay más, mucho más, esperándonos. Tenemos las ganas, la pasión y la entereza, para seguir sembrando.
 
Cumple un año La Pereza: ¡aquí y ahora lo estamos celebrando!